Menos consumismo y más amor es lo que hace falta en la vida.
El mundo estaría mejor y sin guerras si nos dedicaramos a amar.
Se nos está olvidando vivir
Parece
que estar constantemente de prisa se convirtió en un modus vivendi, a
tal punto que muchas personas se sienten culpables cuando se toman unos
minutos para descansar, aunque estén exhaustas.
¿Qué
nos ha llevado a montarnos en esta especie de avión ultrasónico en
donde viajamos incómodos, pero del que nadie se puede bajar? Creo que
mucho tienen que ver:
*
El inmediatismo al que nos han acostumbrado las soluciones instantáneas
que nos ofrece la publicidad y las historias del cine o la televisión;
* la creencia de que cada minuto del día debe ser productivo a costa de lo que sea;
* el cultivo del ego, que nos anima a trabajar más para poseer más y aparentar más;
*
la idea de que tener mucho equivale a ser más felices, algo que pregona
la cultura consumista y que nos empuja a producir y gastar sin
descansar.
Lo
cruel es que en esta loca carrera finalmente logramos estirar el tiempo
para hacerlo todo, menos vivir, si por vivir entendemos compartir,
reír, pasear, conversar, jugar o soñar.
El
impacto que esta forma de vida tiene en la familia es funesto. Al andar
a la carrera vivimos como 'volando por instrumentos', es decir,
concentrados en todo lo urgente por hacer, pero desconectados de lo que
somos y sentimos. Y al no estar conectados con nuestros sentimientos,
es imposible establecer sólidos vínculos afectivos con nuestros seres
queridos. Así, las relaciones familiares se limitan a contactos
superficiales carentes de calidez, que por su trivialidad se desbaratan
con cualquier tormenta.
El
tiempo no puede seguir siendo nuestro enemigo. Lo necesitamos para
formar la familia que soñamos tener. Hace falta tiempo para
- establecer lazos profundos con nuestra pareja, porque éstos se tejen en
los momentos compartidos sin más propósito que estar juntos,
- ganarnos la confianza de nuestros hijos e hijas, porque saben que sí estaremos a su lado cuando nos necesiten,
- cultivar una buena comunicación porque estamos allí para que nos cuenten sus pesares cuando desean compartirlos,
- formar su conciencia, porque estamos tan presentes que nuestro proceder les muestra qué está bien y qué está mal,
- alimentarles una fe sólida en sí mismos y en lo bueno que la vida les tiene reservado, si lo saben ver y agradecer.
Vivir
a la carrera atropella las relaciones. La impaciencia, producto del
afán por ganarle la carrera al reloj, impide que tratemos a nuestras
hijas e hijos con el afecto que merecen. Hacer muchas cosas alimenta el
ego, pero deja morir de hambre al corazón; cierto, llenan la agenda
pero destrozan la familia.
Si
el tiempo es oro, no lo desperdiciemos haciendo muchas cosas para
comprar el amor familiar, que obtendremos gratis si dedicamos más
tiempo a disfrutar con los demás, ocupando el primer lugar en su
corazón.
El consumismo es lo que está destruyendo el planeta, no compres lo que no necesitas.Tags: vivir, consumismo, familia, pareja, amor, paciencia