Antecedentes
Hace cerca de
50 años, en 1960, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus
siglas en inglés) aprobó la venta de la píldora anticonceptiva,
considerada la medicina que mayor impacto ha tenido en toda la historia
de la cultura norteamericana. La “píldora”, como la mayoría de la gente
la conoce, ganó éxito rápidamente debido a su comodidad y a su
fiabilidad, a pesar de sus tan comunes efectos secundarios. Y fue
precisamente en sus inicios, que dicha pastilla podía ser prescrita
únicamente a mujeres casadas; permitiéndose, posteriormente, hacerlo
también a mujeres solteras pero que hubieron alcanzado la mayoría de
edad (Christmas y Schultz, 2008). Sin embargo, esto ha ido cambiando
con el tiempo.
Hoy en día hemos llegado al punto en el que el
consejo médico se ha tornado determinante cuando de tomar una decisión
se trata; y este hecho eleva su importancia cuando se habla de la vida
de una persona. Esto lo afirma Schrager (2002) al mencionar que el
consejo que se proporciona a los pacientes antes de que estos lleven
cualquier método hormonal anticonceptivo, les motiva a mejorar su
cumplimiento y la continuación de su uso. Pero la cuestión, como bien
argumenta Goodnough (2001) citando a Alcorn, es si realmente dichos
métodos actúan únicamente de manera anticonceptiva o si también algunas
veces se evita la implantación y se causa un aborto.
Es por todo
esto que resulta relevante determinar en qué grado los actuales
egresados de la licenciatura en medicina conocen realmente el
funcionamiento de los métodos anticonceptivos (MA) y cuál es su postura
frente a ellos.
Paralelamente conviene estudiar todo esto
desde la perspectiva de los MNRF por ser estos los que favorecen el
cumplimiento del juramento hipocrático, mediante el cual se promete no
proporcionar supositorios dañinos a las mujeres; y por tanto, se
respeta la verdad de la sexualidad y la persona humana.
Planteamiento del problema
Los
Métodos Naturales de Regulación de la Fertilidad (MNRF) son bastante
efectivos, tanto para conseguir como para evitar un embarazo, de
acuerdo con una revisión hecha por la doctora Klaus (1982) en la que
analizó los componentes de la fase fértil, las circunstancias que
provocan una ovulación irregular y la efectividad de la planeación
familiar natural, entre otros temas. Según esta investigación, el
método sintotérmico (método natural utilizado para regular la
fertilidad que combina medidas como el tiempo, la temperatura, la
mucosidad cervical, entre otras) y el de la ovulación (también conocido
como Billings, que se utiliza para regular naturalmente la fertilidad
basándose en las características de la mucosidad cervical), cuando son
utilizados correctamente, son mucho más eficaces que algunos métodos
anticonceptivos (MA) como el condón femenino, el coito interrumpido, el
diafragma, el capuchón cervical, los espermicidas y la esponja vaginal.
Así
mismo, indica que los MNRF no presentan efectos secundarios ni
desventajas como las que sí presentan los MA que comúnmente se conocen
como más eficaces para evitar un embarazo: el DIU, ligadura de trompas,
vasectomía, la píldora oral combinada anticonceptiva, la píldora de
progesterona, las inyecciones, la pastilla RU-486, entre otros.
Sin
embargo, Roehr (2004), citando a la doctora Farris, sustenta que en
realidad los MA pueden representar una forma de control natal fallido,
pues existen mujeres a quienes les han fallado; sea tomando únicamente
la pastilla o usando otros dos métodos (artificiales).
A pesar
de este fallido funcionamiento, según una encuesta hecha por el
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 1997) de México,
el 70.5% de las mujeres unidas en matrimonio, que se encuentran edad
fértil, son usuarias de métodos anticonceptivos. Además en una
comparación hecha por el mismo Instituto, de 1976 a 1997 el uso de los
métodos anticonceptivos entre las mujeres que se encontraban en edad
fértil aumentó de un 30.2% a un 68.4%. Esto significa que, hace 11 años
la incidencia en su empleo ya se había duplicado.
Por otro lado,
contrario a lo que muestran las estadísticas anteriores, Jennings y
Landy (2006) de la Georgetown University Medical Care, señalan que los
métodos naturales de planificación familiar, también llamados ‘basados
en la sensibilización’, podrían ser lo que algunas mujeres desearían
llevar; pero la mayoría de los médicos no los han aprendido durante la
escuela de medicina o durante sus residencias. A la vez, mencionan que
dichos métodos precisan que tanto la mujer ponga atención especial a su
cuerpo como que los médicos estén en sintonía con las necesidades de
sus pacientes.
Entonces los MNRF pueden tener una efectividad
del 97 al 99% si se utilizan correctamente por parejas motivadas (Trent
y Clark, 1997), y a la vez dichos métodos respetan la naturaleza del
acto sexual conyugal siempre que se utilicen con responsabilidad y no
de forma exclusivamente no procreadora (Lucas, 2003). Por lo tanto los
médicos, que están obligados por el juramento hipocrático a perseguir
los principios de justicia (dar a cada uno lo que le corresponde),
beneficencia (hacer el bien) y no maleficencia (evitar el mal)
(Rancich, Pérez, Morales y Gelpi, 2005), deberían conocer ampliamente
los MNRF y promoverlos.
Lo anterior nos lleva a concluir que
una Universidad que de acuerdo con su misión de formación integral
basada en los principios perennes del humanismo cristiano, debe
ocuparse ampliamente de transmitir a sus alumnos enseñanzas en el campo
de la reproducción humana que respeten la vida y la persona humana al
mismo tiempo.Tags: anticonceptivo, natural, sexo, tesis, vida, amor